miércoles, 23 de abril de 2014

MARIPOSAS AMARILLAS

Gabriel García Márquez......o Gabo, como lo conocemos, nos dejó un Jueves Santo, antes del Día del Idioma y en medio del descanso de muchos. Ese día, la memoria volvió atrás, me llevó a la biblioteca de mi casa a buscar sus libros y (como nos pasó a muchos) a recordar que 100 años de Soledad lo habíamos prestado hace bastante tiempo y nunca regresó; o como a una amiga que lo leyó tanto y como estaba tan viejito y deshojado, lo regaló para comprar uno nuevo y hoy sabe que perdió un tesoro.
Pero como siempre, hay historias más felices, otra compañera buscó y buscó y encontró en su biblioteca un librito que se titula: Un Manual para ser Niño, este libro la llevó a pensar en el oficio de ser maestro. Mientras tanto, en otro rincón de la ciudad una amiga, buscó en lo más recóndito de su apartamento su libro de 100 Años de Soledad y, para sorpresa suya estaba en manos de su hijo, que llevaba media hora de total concentración leyendo en su cuarto; y yo, en mi biblioteca encontré La Luz es Como el Agua, el libro perfecto para los niños de preescolar, aunque tenía mis dudas sobre cuál sería la reacción de ellos al llegar al final. Debo contar que después de leerlo en varios cursos, mis dudas se despejaron, los niños se identificaron con Joel y Totó, en sus mentes se fue llenado la biblioteca de un mar de luz y ellos también jugaron a navegar en esas aguas iluminadas, imaginando, tal vez, como los libros se transformaban en peces multicolores.



                      

La vida de Gabo, las anécdotas, los datos, las palabras de cientos de personas de todo el mundo fueron llenando los espacios de ese fin de semana, todo se volvió alimento para iniciar  una semana en el preescolar, imágenes, libros, y mariposas amarillas llenaron un estante con nuestro invitado especial.


El asombro de los niños fue creciendo al escuchar la historia de la vida de Gabo, al saber sobre el amor de su abuelo, se sorprendieron al saber que estudió en un sito que muchos conocen: Zipaquirá. Se maravillaron al saber sobre el marino que para sobrevivir se comió a trocitos la suela de su zapato; y escuche más de un suspiro y una risita nerviosa cuando supieron sobre el gran amor de la vida de Gabo: Mercedes, quien se encargaba del mundo mientras él escribía. Pero, la mejor anécdota es como tuvieron que empeñar la estufa, la licuadora y el secador de pelo, para poder enviar el manuscrito de su obra máxima hasta Argentina, la cual años después se ganaría el premio Nobel.

Al terminar de contar la historia de la vida de Gabo los niños se lanzan a mirar, a hojear y hacer preguntas sobre lo que hablamos, algunos quieren llevarse los libros prestados a sus casas y otros, los dejan reservados para la hora del descanso y como una niña me dijo: "me lo guardas porque voy en la página 108".


Otros llegan y me piden que les lea algo y así empezamos algún cuento, miramos la portada de los libros, me hablan de como en sus casas sus padres también están leyendo, recuerdan a sus abuelos o, lo que han visto en televisión, conversamos sobre la música y escuchamos canciones como esta: 

             
Todo lo vivido en estos días ha llevado a los niños y a los grandes a descifrar el realismo-mágico, a dedicarle más tiempo a la lectura y a encontrar el valor del amor y la dedicación, muchas gracias Gabo por estas enseñanzas.