Gabriel García Márquez......o Gabo, como
lo conocemos, nos dejó un Jueves Santo, antes del Día del Idioma y en medio del
descanso de muchos. Ese día, la memoria volvió atrás, me llevó a la biblioteca
de mi casa a buscar sus libros y (como nos pasó a muchos) a recordar que 100
años de Soledad lo habíamos prestado hace bastante tiempo y nunca
regresó; o como a una amiga que lo leyó tanto y como estaba tan viejito y
deshojado, lo regaló para comprar uno nuevo y hoy sabe que perdió un tesoro.
Pero como
siempre, hay historias más felices, otra compañera buscó y buscó y encontró en
su biblioteca un librito que se titula: Un Manual para ser Niño, este
libro la llevó a pensar en el oficio de ser maestro. Mientras tanto, en otro rincón
de la ciudad una amiga, buscó en lo más recóndito de su apartamento su libro
de 100 Años de Soledad y, para sorpresa suya estaba en manos
de su hijo, que llevaba media hora de total concentración leyendo en su cuarto;
y yo, en mi biblioteca encontré La Luz es Como el Agua, el
libro perfecto para los niños de preescolar, aunque tenía mis dudas sobre cuál sería
la reacción de ellos al llegar al final. Debo contar que después de leerlo en
varios cursos, mis dudas se despejaron, los niños se identificaron con Joel y
Totó, en sus mentes se fue llenado la biblioteca de un mar de luz y ellos también
jugaron a navegar en esas aguas iluminadas, imaginando, tal vez, como los
libros se transformaban en peces multicolores.

La vida de Gabo, las anécdotas, los
datos, las palabras de cientos de personas de todo el mundo fueron llenando los
espacios de ese fin de semana, todo se volvió alimento para iniciar una
semana en el preescolar, imágenes, libros, y mariposas amarillas llenaron un
estante con nuestro invitado especial.
El asombro de los niños fue creciendo al
escuchar la historia de la vida de Gabo, al saber sobre el amor de su abuelo, se
sorprendieron al saber que estudió en un sito que muchos conocen: Zipaquirá. Se
maravillaron al saber sobre el marino que para sobrevivir se comió a trocitos
la suela de su zapato; y escuche más de un suspiro y una risita nerviosa cuando
supieron sobre el gran amor de la vida de Gabo: Mercedes, quien se encargaba
del mundo mientras él escribía. Pero, la mejor anécdota es como tuvieron que empeñar
la estufa, la licuadora y el secador de pelo, para poder enviar el manuscrito
de su obra máxima hasta Argentina, la cual años después se ganaría el premio Nobel.
Al terminar de contar la historia de la
vida de Gabo los niños se lanzan a mirar, a hojear y hacer preguntas sobre lo
que hablamos, algunos quieren llevarse los libros prestados a sus casas y otros,
los dejan reservados para la hora del descanso y como una niña me dijo:
"me lo guardas porque voy en la página 108".
Otros llegan y me piden que les lea algo
y así empezamos algún cuento, miramos la portada de los libros, me hablan de como en sus casas sus padres también están leyendo, recuerdan a sus abuelos o, lo que han visto en televisión, conversamos sobre la música y escuchamos
canciones como esta:
Todo lo vivido en estos días ha llevado
a los niños y a los grandes a descifrar el realismo-mágico, a dedicarle más
tiempo a la lectura y a encontrar el valor del amor y la dedicación, muchas gracias Gabo por estas enseñanzas.